Rafaela.com
>
Hazte Fan en Facebook Seguinos en Twitter
 | Argentina

Falleció Storni : Biografía del controversial arzobispo

La historia del Arzobispo condenado por abuso sexual y seguía viviendo de una pensión del estado.

Lunes, 20 de Febrero de 2012 | 20:00 (actualizado a las 20:49)
imprimir | A+ A- |
Fallecio_Storni_Biografia_del_controversial_arzobispo.jpg_Falleció Storni : Biografía del controversial arzobispo
Falleció Storni, Biografía del controversial arzobispo - Fuente de la imagen: http://periodicopausa.blogspot.com

Edgardo Gabriel Storni (Santa Fe, 6 de abril de 1936 - La Falda, 20 de febrero de 2012 ) fue Arzobispo, luego Emérito, de Santa Fe de la Veracruz, Argentina.

Storni fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1961, nombrado Obispo titular de Croe y auxiliar de Santa Fe el 31 de diciembre de 1976. El 28 de agosto de 1984 fue promovido a la jerarquía de Obispo Titular de Santa Fe, tras la muerte de su antecesor Vicente Faustino Zazpe, tomando cargo de la diócesis el 30 de septiembre del mismo año. Renuncio a su puesto el 1° de octubre del 2002, después de un escándalo que lo envolvía en acusaciones de abuso sexual por el que fue finalmente condenado en 2009.


Comunión, vergüenza y liberación

La primera denuncia contra el arzobispo Edgardo Storni fue en 1993. Rubén Descalzo, un joven seminarista, lo acusó de abuso sexual. El Vaticano ordenó una investigación interna, pero la Justicia provincial no se hizo eco. Recién a principios de 2003 –unos meses después de que el caso llegara a los principales medios nacionales a partir del libro de Olga Wornat– el juez de instrucción Eduardo Giovanini procesó a Storni. El magistrado murió poco tiempo después y la causa entró en una maraña judicial que recién se resolvió a fines de 2009, cuando la jueza María Amalia Mascheroni dictó sentencia: ocho años de cárcel por haberlo hallado culpable del delito de abuso sexual agravado. Para entonces, Storni –que había renunciado a su cargo en 2002– ya gozaba de una jubilación de privilegio y estaba instalado en una quinta en La Falda. Su sucesor, José María Arancedo, nunca se manifestó en contra de Storni; al contrario: el año pasado lo defendió en público cuando opinó que su caso no podía considerarse un abuso sexual. El viernes 29 de abril, la Cámara Penal de Santa Fe anuló la sentencia de la jueza Mascheroni y ordenó que se dicte un nuevo veredicto. El abogado del ex arzobispo, Eduardo Jauchen, opinó que la decisión judicial “implica que Storni es inocente”.


Por Juan Pascual

Una comunidad se construye por sus experiencias compartidas en el tiempo. Cualquier comunidad, la que sea. Y esa comunidad se percibe a sí misma cuando una emoción la embarga.


Usted llora un muerto. En su hogar hay dolor. En otras casas también, y por el mismo muerto. En ese pequeño momento, todos los que lloran se hacen presentes entre sí, así sus cuerpos no estén juntos; viven lo mismo, cada uno a su manera. Son una comunidad familiar. En ese dolor, el amor de la comunidad salva. La llamamos familia, así no corra sangre por los lazos. Entre la familia las experiencias intensas son más repetidas. En toda la diversidad que tienen las experiencias.


Un hincha de tu equipo te consuela en la mala. Festejan juntos en la buena. Es una comunidad más leve; hay diferencias de intensidad. Se puede vivir a través de los medios (es espectacular) o en una corrida letal alrededor de un estadio. Implica hoy millones de millones de lo que sea: dinero, personas que gritan gol en un coro único y voces de los que hacen eso por su cuenta. Los que ríen jugando al fútbol en las canchas de alquiler.


Las comunidades tienen diferentes extensiones. Y diferentes modos de percibirse, algunos muy poco frecuentes. Siguiendo con el fútbol, allí está la indestructible quietud urbana del 4 a 0 del año pasado. Siguiendo con la muerte, es obvio señalar la congoja que reunió a las diferentes comunidades políticas alrededor de los líderes fallecidos recientemente. Y sus duelos.


De aquellas emociones que hacen visible a una comunidad quizá la menos admitida sea la vergüenza. La vergüenza involucra al propio cuerpo justo en la situación en que uno querría desprenderse de él por un ratito, porque no se puede soportar una mirada externa que lo ve, que lo domina, que lo condena. Así es como la vergüenza se exterioriza a pesar del cuerpo. El cuerpo traiciona al vergonzoso. Es todo lo opuesto a un grito de gol, también al llanto triste o alegre, que siempre es una liberación. Un calor aparece, incomoda, toca, enrojece el gesto. La vergüenza expone lo que no asumimos, nos entrega y adhiere a aquello que no terminamos de aceptar como propio. Ese placer por tocarnos de cierto modo. Esa traición que a veces creemos no haber cometido nunca y que mantenemos escondida.


Recuerdo que hacía frío y que todos los que desandaban la peatonal parecían ir desnudos. (La vergüenza también tiene esa particularidad: sólo puede ser narrada en primera persona). Era 2002. Cada dos cuadras, exhibida como proclama, estaba la portada púrpura de Nuestra Santa Madre, de Olga Wornat. Era la vedette de los kioscos. El libro escrito por una cordobesa para una editorial grande con sede en Buenos Aires y distribución nacional, con prólogo de Jorge Lanata. La mirada externa condenatoria que por un momento hizo que la comunidad local se percibiera a sí misma. A través de la vergüenza.


Delante del libro me inundaron las historias escondidas; circunstancias guardadas, olvidadas, jamás percibidas en su plenitud. Recordé cómo mucho tiempo atrás, en los ’80, hacíamos chistes en la práctica deportiva infantil y en el aula sobre los goces abusivos de Edgardo Storni. Era un rumor conocido. Era sabido. Nos tocábamos los genitales los niños, a veces mutuamente, sudados después de jugar, y nos insultábamos con esas escenas. (Mi generación todavía fue íntegramente criada en el odio al homosexual). Vos se la chupás a tal, vos se la chupás a cual. A vos te la da Fulano. Vos me la chupás. Y entonces, en algún lance, aparecía el nombre de Storni y rompíamos en carcajadas.


Éramos niños: repetíamos lo que se escuchaba en casa. En mi casa se sabía. En la de mis vecinos, recuerdo, también. En la calle se sabía. Quienes ejercían el poder del Estado lo sabían. Quienes llenaban de palabras a la opinión pública. Buena parte de la feligresía lo sabía y algunas órdenes y curas pagaron el precio de ese saber.


El libro de Olga Wornat, expuesto en la peatonal, nos desnudó con una pregunta: ¿vos no lo sabías? ¿La ciudad bajo el dominio de su Arzobispado desde 1984, la comunidad de los santafesinos, no mantenía vivo como rumor el testimonio de los manoseos y las amenazas de Storni?


La vergüenza derrumba nuestras certezas, el decurso estable y normal del tiempo, y estaquea nuestros cuerpos junto a aquello que es nuestra ruina. La vergüenza pone en escena algo ominoso, propio y de lo que no nos podemos liberar, porque es nuestro por más negado que esté. Algo invisible, hasta que aparece una mirada externa: el libro de Wornat, 18 años después de la unción del arzobispo y ocho años después de la apertura de una investigación interna de la Iglesia, comandada por el arzobispo de Mendoza José María Arancibia en la que 47 seminaristas testimoniaron sobre el Rosadito.


Pero, ¿vergüenza de qué?

No se trata del Arzobispado de Storni en sí. Para encontrar vergüenza allí hay que obviar la vigorosa y oblicua vida sexual de la Iglesia. El sexo de sus mitos y doctrinas, donde la madre nunca puede tener placer y donde la mujer es casi una propiedad del hombre de la casa (como los siervos, los bueyes o el asno), cuyo horizonte de felicidad es la obediencia al lampazo y el trapeo pro-familia (y que nadie separe lo que Dios ha unido, ni siquiera las trompadas del señor de la casa). El sexo de sus prácticas y estructuras: la misógina separación y sometimiento de las monjas a los curas; el celibato de todos; la impugnación radical de la homosexualidad como “hecho antinatural”. El sexo del confesionario, oreja de absorción ininterrumpida de miles de culposas historias de cama. La Iglesia está completamente embadurnada de sexualidad, opresiva de ciertas cosas como celebratoria de otras. Tampoco es lógico avergonzarse por el atronador encubrimiento de la institución sobre el caso: toda esa tensión insostenible se basa en un ordenamiento jerarquizado cuyo cemento es un silencio leal, común y denegatorio.


El libro expuso más a los santafesinos en general que a los católicos en particular. Vino a señalarnos que detrás del chiste, la chanza y el cotilleo compartido por muchos había una realidad espantosa sufrida por (no tan) pocos, que hundía sus rizomas en la Casa Gris, en la Municipalidad, en el sistema educativo, en el coqueto mundo de los apellidos dobles y las alcurnias locales, en el tufo moralinongo que abruma cualquier nuevo verdor de estas tierras. El libro expuso que muchos sabían, que muchos miraban para otro lado o eran impotentes para hacer de su saber una transformación. El libro nos obligó a un horrible retorno de lo ya conocido.


Asumir ese pasado (ese presente) en algún punto nos liberó. En la vergüenza compartida por los rumores de antaño percibimos una comunidad; lo insoportable de la escena forzó un cambio de posición, un leve corrimiento. El Arzobispado local no retuvo la misma cuota de poder que detentaba entonces, así su influencia política no haya decrecido.


¿Cuántas otras vergüenzas seguirán hoy vigentes, larvadas dentro de nuestra comunidad y a la espera de ser expuestas?. - Revista Pausa #74 - 18 de mayo de 2011
 

El escándalo

En 1994 Storni fue sometido a una investigación ordenada desde el Vaticano, y liderada por Monseñor José María Arancibia, después de ser acusado de abuso sexual en base a los testimonios de 47 seminaristas. Tras el notorio conocimiento del escándalo Storni empleó su contactos con el entonces Nuncio Apostólico Ubaldo Calabressi, para arreglar un viaje al Vaticano donde fue ratificado en su cargo por el entonces Papa Juan Pablo II.
En el 2002 el libro Nuestra Santa Madre escrito por la periodista Olga Wornat fue presentado en la feria del libro de Santa Fe. El libro contenía una recopilación del historial de acusaciones en contra de Storni así como de las amenazas recibidas por un sacerdote que había pedido la renuncia de Storni.

Tras la ola de casos de abusos sexuales cometidos por la curia católica en todo el mundo, Storni perdió el favor de la corte vaticana, renunciando a su puesto el 1 de octubre, sosteniendo que su renuncia no significaba culpa. Vivió en una residencia eclesiástica en La Falda, hasta su fallecimiento en 2012. En 2009 fue condenado a ocho años de prisión por los dichos abusos.

Dado que fue formalmente un Obispo hasta su muerte, continuaba viviendo de una pensión del estado como parte del apoyo financiero a la curia que mandan las leyes argentinas. ( Wikipedia.org )

 

Condenan a 8 años de prisión por abuso a ex arzobispo de Santa Fe - (30/12/09 - U24)

La jueza María Amalia Mascheroni condenó este miércoles (30/12/09) a ocho años de prisión al ex arzobispo de Santa Fe, monseñor Edgardo Storni. Fue por abuso sexual agravado por el vínculo, esto último se refiere al vínculo que mantenía con los jóvenes que eran seminaristas. El abogado defensor, Eduardo Jauchen, ya apeló la orden de la jueza. Se estima que Storni no irá a la cárcel sino que cumpliría prisión domiciliaria por alcanzar en poco tiempo los 70 años de edad, informó el diario Rosario 3.

El caso Storni se hizo público en 1994, cuando por orden del Vaticano el actual arzobispo de San Juan, monseñor José María Arancibia, investigó denuncias de seminaristas sobre abusos sexuales, cometidos en el seminario santafecino y durante los retiros espirituales en Calamuchita, Córdoba.
Los relatos de los seminaristas coincidían con los testimonios brindados por sacerdotes, algunos de los cuales entregaron copias de misivas remitidas al arzobispo, advirtiéndole la gravedad de los hechos y la necesidad de adoptar alguna medida al respecto de su parte.

Storni fue procesado a principios de 2003 por el juez de instrucción Eduardo Giovanini por la presunta comisión del delito de abuso sexual en perjuicio de un ex seminarista, que había denunciado el hecho en 1993. Pero en la misma resolución, el magistrado desestimó otras dos denuncias contra la autoridad religiosa al considerar que el tiempo transcurrido superaba el establecido para analizar la causa.

Aunque negó ante la Justicia y el Vaticano las imputaciones, Storni renunció al Arzobispado en septiembre de 2002 mediante una misiva remitida al Papa Juan Pablo II. "Me adelanto a presentar mi renuncia lo cual, de ninguna manera, significa que reconozca culpas ni acepte acusaciones", afirmó en su momento Storni en el texto de ese momento.

Basta de impunidad - Fuente de la imagen: amsafelacapital
CARLOS DEL FRADE - "Investigar es descubrir lo que está tapado por factores del poder" - Bell Ville - Fuente de la imagen: marianafresco1

 

 

Contacto : contacto@rafaela.com
No se asume ninguna responsabilidad por los contenidos de p�ginas externas de Internet, en pie de nota figura la fuente o web enlazadas.

Monitorizaci�n internetVista®