TERRITORIO DE SOMBRAS Y ESPLENDOR

novela de Angel Balzarino

 

De colonia a ciudad:

trasposición literaria de una crónica

 

Palabras preliminares

 

En Territorio de sombras y esplendor, Angel Balzarino nos pinta un claroscuro del corazón, reviviendo como un demiurgo de la palabra, el antiguo mito platoniano de la caverna, al proyectar flashes de pasiones y encendidas imágenes de sentimientos sobre el trasfondo oscuro del tiempo.

Gracias a su genio literario consumado (y a sus excelentes dotes para bucear en el pasado) el autor nos sumerge en el fermento original de nuestra sociedad, a principios de siglo.

Indudablemente, esta novela representa, en la trayectoria literaria de Angel Balzarino, la "summa" de un estilo ya consagrado a través de sucesivos galardones. Su prosa, limpia de escollos barrocos, de adjetivación escueta y certera, sin ornato trivial, es como la voz humana que habla desde ella: plena de simplicidad y emoción sostenida (a veces matizada por un humor irónico y medido), fruto de la madurez literaria de un profesional de las letras, porque como manifestara Micó Buchón, al referirse a la novela, "Es indispensable un conocimiento profundo del corazón humano para ser un buen novelista".

Como todo escritor contemporáneo, ha frecuentado la escuela de Joyce, Kafka, Proust, Faulkner y Sartre (por citar a algunos de los grandes maestros), para superar el mero objetivo exploratorio del contexto y transmitir otra realidad paralela: la del lenguaje, viento a favor de las corrientes de vanguardia (caracterizadas por el monólogo interior, la actitud existencial, la estructura espacial compleja y los más sutiles refinamientos operados en la contrucción de la trama).

Toda buena novela es testimonio de un tiempo. En este sentido, la función social de la narrativa es indiscutible. J. Richard Bloch opina que "Los novelistas ayudan a los pueblos a adquirir conciencia de sí mismos". En efecto: Balzarino logra con esta obra descorrer el velo a sus congéneres, acerca de las propias raíces, para que puedan apreciar su verdadero rostro sobre el espejo retrospectivo de la historia. Es, entonces, una novela testimonial, que no sólo trata de reflejar la realidad a través de un cronista de ficción, inmerso en un contexto témporoespacial determinado, sino que lo trasciende al hacer crítica social, trazando magistralmente un cuadro ético-moral, a través de los indicios referenciales que emergen del corpus literario. Hay que reconocer, como siempre que nos referimos a una obra de Angel Balzarino, la exacerbada exactitud en cuanto a hechos y fechas (casi comparable con la rigurosidad del historiador o del investigador), si nos atenemos a la cronología de la gesta colonizadora de estas tierras, donde lo único que aparece cambiado son los nombres de personas o lugares, por razones obvias. Esa intención documental, esa insistencia de participar con la ficción en el mundo real, común en este narrador, lo ubica dentro de un realismo cosmopolita, que a la manera de Mallea, intenta configurar, a través de los personajes-clave escogidos, la esencia raigal de la ciudad, abordando el tema universal de la soledad existencial: esa incapacidad de comunicarse, propia de la desorientación en una sociedad en ciernes. (Indudablemente es kafkiana la incomunicación del hombre en un mundo cada vez más complejo, como también es propio de Onetti expresar los sentimientos del hombre encerrado en su propia soledad, duelo existencial contemporáneo que magistralmente planteara Camus).

Un creador obsesionado por el pasado, como Balzarino, conserva el "color local", propio de un costumbrismo finisecular (expresado a través de la observación detallada de tiempos y lugares). Sin embargo, su mensaje logra trascender toda nostalgia sensiblera, al interpolar en la psiquis atormentada de sus fantasmas de ficción, la presencia avasallante de lo universal. De ahí que el realismo sólo sea una pátina en la novela, dado que la verdadera capacidad narrativa se halla en la grandeza de sus personajes, en su peripecia psíquica (y no en la mera superficie anecdótica), en su mundo interior de afectos y de odios (un mundo que está más allá de las convenciones cronológicas). Según Zunilda Gertel, "la novela de personaje es conquista de la narrativa moderna". En ella... "el personaje es el eje portador de la esencialidad novelística". Gracias a los narradores personales, el discurso polifónico logra anular las distancias con el lector, para que el relato provenga del mismo mundo narrado. Territorio de sombras y esplendor es por eso un collage de voces, contado desde sus personajes mismos (múltiples hablantes, en el plano consciente o inconsciente).

Puede haber lectores que discutan su filiación novelística, porque aún siguen aferrados a la tradición romántica, sin advertir que cuando actualmente se habla de "novela" no se atiende exclusivamente a la ecuación: trama+personaje+tiempo+espacio=anécdota, porque como afirmara Marshall Mc Luhan, "El medio es el mensaje": la creación literaria no utiliza la palabra sólo para decir algo sobre determinado contexto extraliterario, sino para transformar la realidad lingüística del discurso mismo. En este sentido, la novela no trata de imitar la realidad, sino que se convierte en otra realidad: la única existencia válida es la que "viven" realmente los actantes dentro del universo de la palabra.

Esta crónica -sólo aparente de la colonización de "La Florida"- engarzada alrededor de la figura de Federico Keller e

(quien se debate entre dos objetos que orientan la direccionalidad de su periplo actancial: el "poder" y el "amor") se resuelve finalmente en el polo neutralizador de la "evasión (lograda a través del suicidio). Sin embargo, la propuesta esencial, destinada al lector, es fundamentalmente lúdica, a través de distintos caminos de lectura: existe una vía laberíntica, cíclica, que obsesivamente vuelve sobre el tema clave del suicidio; otra cronológica, cuya clave son las fechas, que a modo de titulares, encabezan los capítulos (para quien desee obtener una visión coherente, lógicamente ordenada de los hechos), y una más, regida por el paratexto, que agrupa las diEsta estrategia no es para nada arbitraria, ni tampoco atenta contra el corpus novelístico. Su secreto es tender un puente entre dos mundos: el externo (que la historia pintaría descarnadamente), y el otro, más profundo y secreto, inherente al ser, acosado por vertiginosas pasiones o por sentimientos a veces mezquinos, egoístamente humanos... Es así como la estructura narrativa, desde sus diferentes dimensiones, contribuye a crear una cosmovisión literaria muy particular, la que gracias a su complejidad superficial, logra enriquecer al lector con una imagen totalizadora, a través de las múltiples visiones del narrador (testigo, protagonista o cronista de los hechos).

A la manera de Proust, Angel Balzarino se lanza al rescate del pasado por medio de una pluralidad de tiempos, cuya fragmentación y fugacidad tiene una finalidad: la de transmitir la problemática existencial del "ser en el mundo", un mundo cada vez más cambiante, despiadado y a veces absurdo. Ese fragmentarismo temporal se halla apoyado en la experimentación, a través de técnicas narrativas, donde el punto de vista varía desde las corrientes de la conciencia, al más frío enfoque obejtivo, para reflejar las dudas y angustias que caracterizan la idiosincracia humana contemporánea (estos recursos se hallan emparentados con técnicas cinematográficas, como el flash back o la camera eye). En este sentido, Claude Ed. Magny afirma que... "en la novela cada escena descrita, como en la película cada imagen, lleva en sí misma la senal del punto de vista desde donde ha sido tomada”. Por eso, “Toda escena novelesca es tan esencialmente relativa como una fotografía”. Es así como el narrador anónimo desaparece, para dar paso a las múltiples voces que imbrincan las distintas vinetas narrativas, para dar forma a un único tejido totalizador, cuyo acabado final se logra en el íntimo mundo del lector, quien gracias a la habilidad de Angel Balzarino, se convierte en partícipe activo dentro del cosmos de la novela.

 

Liana Friedrich

 

TERRITORIO DE SOMBRAS Y ESPLENDOR (Fragmento).


©L.Chavarini